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Semblanza del R.P. Burton Bloms.
(1919 - 2010).


“ADIOS A TODOS"

“Me voy porque es la Voluntad de Dios y la Santa obediencia a mis Superiores. Me voy pero mi corazón estará con Vosotros por toda mi vida. Me voy sabiendo que casi todos me quieren igual como yo los quiero a todos. Me voy con la esperanza de veros un día si no aquí en este mundo, en el que sigue. Me voy con la seguridad de que no me olvidareis en Vuestras Oraciones como no os olvidaré. Me voy con el corazón lleno de agradecimiento por todos los favores que he recibido. Hasta luego y que Dios Os Bendiga”.

Palabras del Padre Burton en noviembre de 1956, cuando dejó la Dirección del Colegio del Tepeyac y que en el 2010, a raíz de su muerte, se podrían poner de nuevo en su persona. Nuestro adiós y agradecimiento de todos aquellos que tuvimos la fortuna de conocerlo.

Alan Edward Bloms nació en St. Michael, Minnesota, el 11 de noviembre de 1919, Fue el tercer hijo varón de una familia de 6. Tres de los cuales fueron sacerdotes y su única hermana fue monja. Su padre murió cuando él tenía apenas 11 años de edad y, desde muy pequeño, se hizo cargo junto con su madre de la tienda familiar.

Estudió becado en St. John´s University en Minnesota. Dos años después, ingresó a St John´s Abbey para ordenarse sacerdote benedictino el 2 de septiembre de 1945. Como religioso, recibió el nombre de Burton. Siempre fue muy dedicado al estudio y, como él decía cuando estuvo en Greg Hall: “Siempre disfruté todo, ser amigo, estudiante, maestro, entrenador y consejero”.

En 1944, se fundó el Colegio del Tepeyac en México y fue en el verano de 1945 cuando se le entregó la dirección de la escuela a los benedictinos de Atchison, Kansas, posteriormente se encargarían de las escuela los benedictinos de St. John’s Minessota. El Padre Burton, que había nacido y crecido en Minnesota, por primera vez dejó Estados Unidos para viajar, en diciembre de 1946, a un país desconocido y hacerse cargo de un nuevo proyecto: consolidar una escuela benedictina en México, el Colegio del Tepeyac, sin hablar español y menos, conocer ese nuevo país.

Se enfrentó el primer día de 1947 a unas instalaciones en estado lamentable: las puertas de los salones no funcionaban, los pizarrones estaban destruidos, el comedor instalado en pleno corredor… Todo ello dificultó el inicio del curso escolar en febrero de ese año. Sin embargo, siendo un hombre pragmático, en lugar de perder el tiempo en quejas, puso manos a la obra y con la ayuda de varios padres y en especial, del hermano Felipe, encargado del mantenimiento, pudo tener en tiempo las instalaciones para el inicio de clases.

Su personalidad le dio un carácter especial al Colegio del Tepeyac. Disciplina, excelencia académica, educación con valores cristianos y actividades deportivas. Se puede afirmar que impuso su sello personal en la vivencia de valores que perduran hasta esta fecha en ese colegio. Logró consolidar una escuela que rápidamente alcanzó los 2,000 alumnos.

Su dedicación por enseñar y entrenar hizo del Colegio del Tepeyac, en muy pocos años, una de las mejores instituciones educativas de México y emblemática en los deportes. Principalmente el futbol americano, del que él era apasionado y que gracias a su dedicación se pudo formar y conseguir todos los implementos.

Fue en 1956, cuando se tomó la decisión de dejar México. Aunque él había solicitado su cambio y de conseguir lo que quería, fue uno de los días más tristes de su vida. La verdad es que, nunca quiso dejar México, su corazón estaba aquí. Su personalidad y carisma logró que toda la comunidad del Tepeyac lo quisiera mucho y cuando se anunció su salida al final de la graduación del 6º grado, todo mundo incluyendo a él, terminó en llanto.

A partir de ese momento, tomó la decisión de no atarse a ningún sitio como se había sentido ligado a México, ya que la separación lo lastimó de verdad. Como él decía, a partir de ese momento, siempre tuvo las maletas listas y así, sólo tendría dos para poder salir con poco. Dos años después, cuando regresó de visita a nuestro país, fue recibido por una multitud entusiasta de estudiantes y maestros en el aeropuerto. Su huella y cariño ya se habían quedado en México.

El sistema de enseñanza que el Padre Burton desarrolló en el Colegio del Tepeyac fue innovador, como lo era él. La escuela pasó de 400 alumnos a 2,000, pero bajo un riguroso sistema de selección. Éste consistía en ir disminuyendo el número de grupos en la medida que aumentaba el grado escolar. Así, tras eliminar a los estudiantes que no querían estudiar, se juntó en un sólo salón a un mismo nivel de estudiantes de tal forma que cada quien recibía la clase de atención que necesitaba.

Incorporó en la disciplina las ideas benedictinas, en las que cada quien es tratado como parte de una familia. Era estricto e insistía mucho en la responsabilidad. Siempre creyó en la comprensión y apreciación del individuo. Gracias a este manejo personal que supo aplicar e infundir en los demás maestros y prefectos de la escuela, podemos decir que, como jóvenes que éramos, a pesar de la rigidez en la disciplina que se aplicaba, la gran mayoría de los ex - alumnos del Tepeyac recuerdan con gran amor esa etapa de su vida.

Los siguientes años su vida los pasó al frente de diferentes escuelas en Puerto Rico, Bahamas, Chile, Estados Unidos (St. Joe y Benilde) y como párroco en varias ciudades de Estados Unidos.

Su idea siempre fue que los esfuerzos de los Benedictinos deberían dirigirse hacia la educación y él así lo hizo. Ello lo llevó a crear lo que hoy es la Fundación Burton Blooms, para dirigir los esfuerzos de la educación a jóvenes de bajos recursos económicos.

El Padre Burton recibió en noviembre de 2003 el Premio “Lumen Gentium” (La Luz de las Naciones) de la Escuela Preparatoria de Saint John en agradecimiento y reconocimiento a su labor al servicio de los jóvenes de muchos países.

Alan Edward Bloms, el “Padre Burton”, murió el 3 de mayo de 2010. Descanse en paz.

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